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  • guillermoguevara0

Pivoteando para llegar al éxito: El caso de Slack




Podemos decir que Stewart Butterfield es un desarrollador de videojuegos frustrado. Pero si ese “fracaso” ha significado el nacimiento de una plataforma hoy valorizada en 27 mil millones de dólares, entonces el panorama cambia completamente. Y es que el buen Stewart es el más claro ejemplo de cómo hacer un “pivote” a nivel empresarial, es decir, adoptar una estrategia de negocios totalmente distinta a la original para sobrevivir en el mercado.


En caso no hayas escuchado acerca de Butterfield, él es el creador de Slack, una popular herramienta de comunicaciones y mensajería que utilizan desde pequeños negocios hasta grandes corporaciones, en la que pueden centralizar todos sus procesos en tiempo real, integrándose con herramientas como Google, Dropbox, Skype, entre otras.


Y antes de eso, fundó el servicio de intercambio de fotos Flickr, que posteriormente fue vendido a Yahoo por cerca de 25 millones de dólares.

Si algo tienen en común Flickr y Slack es que ambos nacieron a partir de emprendimientos fallidos de videojuegos. Es decir, fueron el resultado de pivotes realizados en el tiempo y espacio oportunos, tomando ciertos elementos del proyecto original para hacer algo totalmente diferente.



El fascinante viaje de Butterfield

En el año 2002, cuando el uso de internet era un privilegio de unos pocos y compartir fotos en la nube sonaba como una locura, Stewart Butterfield creó una start-up llamada Ludicorp, con la cual desarrolló un extraño videojuego llamado Game Neverending (Juego Interminable). La idea era original, pues los usuarios no tenían que preocuparse en ganar o perder. El principal objetivo era interactuar.


El problema era que el concepto de interacción en línea todavía estaba, por decirlo así, en pañales. Las redes sociales apenas daban sus primeros pasos y, para colmo, el juego era algo complicado. El destino de Game Neverending era inminente y tuvo que cerrar ante la falta de fondos.


Este aparente fracaso dio lugar al primer pivote. ¿En qué consistió? Butterfield ideó un plan para tomar parte del código escrito del juego y convertirlo en una herramienta para compartir fotos. Y así nació Flickr. La plataforma creció a ritmo maratónico a tal punto que los servidores no eran suficientes para albergar las fotos que los usuarios subían.


Muchos no lo saben, pero Flickr fue uno de los grandes precursores de la Web 2.0. Gracias a su capacidad de integrarse con otras plataformas, logró que los blogs y páginas web pasaran de ser estáticos a interactivos. Y eso no fue todo, ya que también popularizó la famosa función de etiquetado, que luego utilizarían Facebook y Twitter.


En el año 2005, Flickr fue adquirida por Yahoo, que desembolsó 25 millones de dólares para hacerse con la plataforma, que para ese momento tenía 2 millones de usuarios y más de 100 millones de fotos en la nube. El destino de Flickr en manos de Yahoo no fue del todo fructífero, pero dejaremos esa historia para otra ocasión.


Un nuevo intento, y un nuevo pivote


Volvamos con Butterfield. Una vez desligado de Flickr, convocó a su pequeño equipo de trabajo y recaudó 17 millones de dólares para poner en marcha un nuevo videojuego de multijugador masivo, al que bautizó como Glitch. Era una especie de Game Neverending 2.0 con mejores funciones, pero igual de extraño.

Nuevamente, el videojuego del emprendedor canadiense llegaba en un momento poco oportuno. Si en el 2002 los usuarios no estaban preparados para interactuar en línea, para el 2011 se encontraban en plena migración a los dispositivos móviles, mientras que Glitch era un juego de escritorio. Aunque esta vez se logró reunir una comunidad interesante de jugadores, los gastos eran mayores que los ingresos. El quiebre era inminente. Otra vez.


El equipo de Butterfield ofreció a los inversores recuperar lo que quedaba de su inversión, unos 5 millones de dólares. En respuesta, se les pidió que conservaran los fondos y construyan algo diferente con un equipo más pequeño.

Y así se produjo el nuevo pivote. Como parte del desarrollo del videojuego, los miembros del equipo necesitaban estar comunicados, muchas veces desde diferentes países y zonas horarias. El e-mail era poco práctico, así que idearon un nuevo método de comunicación basado en la tecnología Internet Relay Chat (IRC), que consiste en organizar las conversaciones por canales, circulando toda la información de la empresa en una misma plataforma.


“Si la herramienta nos ayudó a simplificar procesos, seguramente a otras empresas también les será de utilidad”, pensaron. Bajo esa premisa, nació Slack.


Cifras de ensueño


Butterfield cuenta que no tenía la intención de comercializar su nueva herramienta, ya que solo era de uso interno. Pero cambió de idea cuando supo que Glitch no tenía futuro. La plataforma necesitaba ser probada por otros equipos, así que ofreció el servicio a otras empresas, recogió sus opiniones y realizó los cambios necesarios para adaptarlo a organizaciones más grandes.

El lanzamiento oficial de Slack (llamada inicialmente Tiny Speck) se realizó en el 2014. Gracias a una estrategia de PR, obtuvieron 8,000 solicitudes para probar la herramienta en un solo día, y a la semana siguiente el número aumentó a 15,000. Poco después, adoptó el nombre de Slack Technologies.

Luego de su lanzamiento público, la herramienta registró un crecimiento a tasas semanales de 5 a 10%. Cada día se suscribían 120,00 nuevos usuarios en promedio, y en un lapso de 6 meses, ya contaban con 16 millones de registros. Comenzarían a llegar inversionistas de la talla de Andreessen Horowitz y Accel Partners, que le inyectaron a la compañía más de 42 millones de dólares en su tercer trimestre.


Todavía no llegaba el 2015 y Slack ya registraba un valor neto de 1.2 mil millones de dólares, siendo la primera start-up del mundo en alcanzar esa cifra en tan poco tiempo, según el proveedor financiero PitchBook.

Lo curioso es que Slack no contaba con un equipo de ventas en su etapa inicial. En realidad, la compañía utilizó la estrategia de freemium, un anglicismo que combina las palabras “free” y “premium”. Simplemente dejó que cientos de clientes probaran la herramienta de forma gratuita, con la opción de afiliarse a un plan de pago si es que querían mayores beneficios.

Slack tuvo un crecimiento sostenido a lo largo de los años. El punto más álgido llegó apenas en diciembre del año pasado, cuando Salesforce compró la herramienta por 27.7 mil millones de dólares.


En la actualidad, Slack suma más de 12 millones de usuarios nuevos cada día, de los cuales 119,00 son clientes de pago. Su directorio de aplicaciones se cuenta por miles y posee un fondo de capital de riesgo que ayuda a emprendedores de todo el mundo.


Pivotar o morir


Stewart Butterfield no es el primero ni el último de los emprendedores en hacer un pivote, pero es una excelente muestra de que es posible cambiar el rumbo del negocio por completo y hacerlo

renacer, incluso si es necesario abandonar todos los planes originales y volver a comenzar desde cero.

Pivotar no significa agitar una varita y hacer magia. Requiere visión, planificación y trabajo en equipo. Incluso, especialistas consideran que debería ser el último recurso cuando ya se han agotado las demás alternativas.

Por último, recordemos que Slack alcanzó el éxito mundial sin necesidad de crear algo nuevo, simplemente tomaron una herramienta existente (el chat) y la ofrecieron al público con una nueva perspectiva, orientada a satisfacer las necesidades de millones de clientes. Esa parece ser la clave. Hacer lo mismo, pero de forma distinta.

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